El medio ambiente y su sostenibilidad es aquello que sostiene en última instancia toda la actividad de las personas en el planeta: sin medio ambiente no hay recursos que explotar para generar beneficios.

La forma más razonable de garantizar la protección de la naturaleza es incorporarla al sector empresarial de una forma activa: reconociendo la gestión del medio ambiente dentro de su modelo de negocio”

David Álvarez

Que las empresas y su actividad no se pueden desvincular del medio ambiente es otra forma de decir lo anterior: las empresas (de todo tipo) son inherentes a éste.

Es apremiante vincular el desarrollo humano a una explotación sostenible del planeta. Tomar medidas urgentes puesto que, para alcanzar una economía climática neutral y circular, se requiere de una plena reconversión de la industria que conllevaría unos 25 años. Si las medidas necesarias no se toman en los próximos 5 años, el mundo podría enfrentarse a una pérdida de 9,87 billones de dólares americanos en el PIB para 2050.

Y las empresas no resultan ajenas a esto, el Foro Económico Mundial en su informe The Global Risks Report 2020 que los principales riesgos que preocupan a las empresas a nivel mundial fueran cinco riesgos relacionados con la sostenibilidad del medio ambiente: pérdida de biodiversidad, acción climática, fenómenos climáticos adversos, desastres naturales y desastres ambientales antropogénicos.

El año 2015 fue clave en la transición hacia la sostenibilidad por dos motivos, se redactaron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, que se han convertido hasta día de hoy en la hoja de ruta fundamental y clara para introducir la sostenibilidad y se fijaron objetivos legales concretos en la reducción de las emisiones y otros aspectos climáticos en la COP de París de la Convención Marco del Cambio Climático de la ONU.

Otro gran acuerdo medioambiental a nivel Europeo es el llamado European Green Deal, en el que se dictaminan en una serie de pilares de una enorme transversalidad cómo utilizar la sostenibilidad para hacer frente a las emergencias biogeofísicas de la crisis actual.

O más concretamente, a nivel legislativo, tanto a nivel europeo (Directiva Marco del Agua, directivas sobre contaminación, energía…) como a nivel estatal (Ley de Cambio Climático y Transición Energética).

Nada es gratis. La financiación climática, los pactos verdes, la nueva legislación, la innovación y desarrollo de nuevos productos… la transición a la sostenibilidad va a generar un ingente movimiento de capital económico. Ahí es donde entra en juego el sector financiero: todo el dinero a invertir no va a ser dinero público, sino que van a entrar a participar agentes financieros porque van a ver que, debido al mencionado cambio de paradigma, va a ser rentable invertir en dicho cambio.

En este marco, aparece, entre muchas otras, la iniciativa Natural Capital Coalition, en la que se integran organizaciones de todas las tipologías (organizaciones políticas, empresas públicas, empresas privadas, sector financiero, sector de normailzación…) con el fin de integrar el medio ambiente y su valor generado en todas las vertientes del sector empresarial. Otros ejemplos de estas coaliciones para encontrar cómo financiar la sostenibilidad son por ejemplo Natural Capital Finance Alliance o Coalition for Private Investment in Conservation.

Sin embargo, una de las principales iniciativas a nivel europeo que debe ser mencionada es el UE Action Plan on Sustainable Finance. Este plan forma parte de la estrategia de la Comisión Europea para integrar consideraciones medioambientales, sociales y de gobernanza en su política de financiación.

Esta iniciativa, que se lanzó en 2018 y se prevé su entrada en vigor en el presente año 2020, se fundamenta en tres ejes:

  1. Reorientar los flujos de capital hacia las inversiones sostenibles (ya nadie quiere invertir en tecnología “sucia”).
  2. Generalizar e incluir la sostenibilidad como una parte de la gestión del riesgo (entendiendo que no ser sostenible es un riesgo a tener en cuenta para el capital invertido).
  3. Incorporar transparencia y una visión de largo plazo (para hacer frente a la visión cortoplacista que coarta a la sociedad).

Los objetivos fundamentales son seis (acción climática, protección del agua y la biodiversidad, control de la producción, transición a la economía circular…), y están estrechamente relacionados con los ejes de acción principales del European Green Deal.

La herramienta fundamental que presenta este plan europeo es a lo que llama “taxonomía”, que no es más que una serie de acciones para poder caracterizar cualquier actividad y poder analizar su grado de sostenibilidad, con el fin de ayudar a los agentes financieros a decidir si invierten o no invierten en ella. El funcionamiento de esta herramienta es sencillo: si una empresa pide financiación para poder desarrollar su actividad, ésta deberá reportar una serie de datos e información para que pueda ser introducida en la taxonomía, y ver si cumple con los estándares requeridos. Sólo si es así recibirá la financiación.

El objetivo final es un cambio completo de la percepción de la sociedad ante este problema y trabajar juntos en este cambio progresivo y dinámico, hacernos más resilientes y resolutivos ante los dilemas ambientales con los que vamos a ir tropezando, de una manera sostenible y eficiente.

En definitiva, se puede afirmar que existe un ánimo de cambio, y que poco a poco existen también los mecanismos para cambiar. La financiación de ese cambio hacia la sostenibilidad es el siguiente paso que está dejando de ser una idea para convertirse en una realidad.

Este resumen ha sido elaborado gracias a la contribución de los alumnos María Sofía Koehn, Carlos Correa Colinas, Vicent Agustí Ribas Costa y Eva Moya Sánchez-Camacho del Máster en Ingeniería de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid, en colaboración con Pablo Morero Cerero (UDOE).

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