Continuamos con la serie de artículos en los que nos adentramos en la Economía Conductual (Behavioral Economics).

A todos los seguidores de la ciencia ficción, quizás os suene esta frase: “Dolores, ¿te has cuestionado alguna vez la realidad de tu mundo?”. Esta pregunta se la hace Bernard a Dolores en la serie Westworld en HBO.

Y yo me pregunto, ¿os habéis cuestionado cada uno de vosotros la realidad de vuestro mundo? No pretendo que entréis en una paranoia filosófica como La caverna de Platón o El cerebro en una cubeta (que por cierto, es la base de Matrix), pero sí que os paréis un momento y reflexionéis si lo que creéis que es vuestro mundo, que no deja de ser el reflejo de las decisiones que habéis tomado, es cierto en sí mismo o solo es el reflejo de la realidad que queréis ver porque es la que os han inculcado… ¿Hasta qué punto sois dueños de las decisiones que habéis tomado y tomáis? Por ejemplo, si os hago la siguiente serie de preguntas, ¿cuál es vuestra respuesta a cada una?

  • ¿Por qué tenemos que trabajar hasta que lleguemos a los 67 años?
  • ¿Por qué una dieta baja en grasas es más sana que una con grasas?
  • ¿Por qué correr es el mejor deporte para quemar grasa?
  • ¿Por qué tenemos que comprarnos una casa?
  • ¿Por qué tenemos que cambiar de coche cada 3-5-10 años o incluso tenemos que comprarnos uno?
  • ¿Por qué nos fiamos de los bancos o firmas de inversión para que decidan dónde invertir nuestro dinero?
  • ¿Por qué lo que nos enseñan en la Universidad se da como cierto?

A primera vista, las preguntas se salen de lo normal, ya que no son propias de una persona que viva en el mundo actual. Todo el mundo sabe que hay que trabajar hasta alcanzar los 67 años para poder cobrar la pensión, que las grasas son malas para el corazón (además de engordar), y que un ejercicio aeróbico de intensidad media como correr es lo mejor para quemar grasa. Por supuesto, también sabemos que tenemos que comprarnos una casa porque es una inversión de futuro y de este modo podremos dejársela a nuestros hijos en herencia, sabemos que el coche nos da libertad y es un reflejo de nuestro estatus social y poder adquisitivo, y sabemos que en algo tan complejo como las inversiones o tan importante como la educación, tenemos que fiarnos del consejo de asesores financieros, docentes y de las instituciones que los albergan.

Ahora, paraos y reflexionad sobre cada una de estas preguntas. ¿En cuántas de ellas habéis llegado a la razón última de vuestro razonamiento por vosotros mismos? ¿Cuantos habéis empezado a preguntaros, como un niño pequeño, el porqué de cada una de las respuestas que habéis dado? Lo más seguro es que para casi todas las preguntas que he escrito, si hacéis el ejercicio que os planteo (y os lo recomiendo), las respuestas que obtengáis os conduzcan a alguna forma de autoridad que os dijo en su momento que se hacía de una forma u otra porque ellos lo decían (el Gobierno, los médicos, los expertos en la materia, los maestros, vuestros padres, etc.).

Este es el principal problema que nos encontramos si en un momento dado nos cuestionamos la realidad de nuestro mundo y las decisiones que hemos ido tomando: solemos conformarnos con lo que la autoridad nos dice y no llegamos a conclusiones por nosotros mismos.

Esto no quiere decir que esa autoridad no tuviera razón (que es probable que la tuviera), o que estas palabras sean excusa para levantarnos contra dicha autoridad. Sigmund Freud decía que al crecer en sociedad internalizamos las virtudes de la sociedad y desarrollamos nuestro superego que se siente feliz y realizado cuando cumple con la ética social e infeliz cuando no. Nuestras decisiones deben satisfacer nuestro superego, y hacernos felices a nosotros sin perjudicar a los demás.

Por cierto, si tenéis curiosidad acerca de otras visiones en relación a las preguntas que os he hecho sobre trabajo/jubilación y alimentación/deporte os invito a cotillear los comentarios de Jacob Lumb Fisher y de Marcos Vázquez. Os aseguro que si sois un poco curiosos los encontraréis tremendamente interesantes.

¿Por qué nos fiamos de las decisiones que toman otros por nosotros y no de nuestras propias decisiones? Quizás el no enfrentarnos a esta realidad sea debido a factores como el sesgo del status quo, la pereza, el miedo a los cambios, o la falta de curiosidad. Lo que está claro es que cuando empezamos a hacerlos preguntas y llegamos a ese punto en el que vemos que no hemos sido los verdaderos dueños de nuestras decisiones, se suelen experimentar tres fases temporales bien marcadas:

  • Primeramente, nos asustamos como nunca al ver que nuestro mundo, lo que creíamos de él, se derrumba. Nos damos cuenta de que todo en lo que hemos creído puede no ser verdad y perdemos el Norte, nuestra razón de ser, nuestro lugar en el mundo.
  • Pasado el primer bache y tras un periodo de reflexión, poco a poco nos recomponemos de ese lugar oscuro en el que nos encontramos, empezamos a verlo todo con nuevos ojos, y reconstruimos nuestro mundo con unos cimientos más fuertes y duraderos.
  • A medida que continuamos con el proceso, ganamos confianza en nosotros mismos, así como en nuestra capacidad para ver y comprender nuestro mundo. Es en este momento cuando realmente comenzamos a conocernos y a comprender lo que nos rodea.

Creedme porque yo lo he hecho y sé que el principio es muy duro, pero cuando empiezas a ver el mundo nuevo que construyes en base a cómo realmente piensas, es infinitamente mejor. En el fondo, este proceso no es tan diferente a lo que el ser humano lleva haciendo desde que se utiliza el método científico: ponemos en duda nuestro conocimiento previo y comenzamos a construir nuevo conocimiento. Recordad el “solo sé que no sé nada” de Platón.

Ahora mismo, y en palabras de Tim Urban en su artículo “How to Pick a Career (That Actually Fits You)”, os encontráis en el lago cuya orilla es el mundo real y muchos de vosotros no sabéis cómo es ese mundo porque lo que veis es lo que otros os han enseñado a ver, no lo que habéis aprendido a ver por vosotros mismos.

Suele ocurrir que no le damos suficiente importancia a las decisiones que hemos tomado en el pasado o que tomaremos en el futuro. Como Dan Ariely escribe en su magnífico libro “Predictably Irrational: The Hidden Forces That Shape Our Decisions”, las decisiones que tomamos en el pasado, generalmente irracionalmente o sin pensarlas demasiado, resuenan en nuestro futuro moldeando las decisiones que tomaremos. Esto ocurre porque las decisiones del pasado, en relación con un asunto en concreto, funcionan como un ancla (una referencia) para el resto de nuestras decisiones en ese ámbito a lo largo del tiempo.

“When we face such a decision, it might seem to us that this is just one decision without large consequences; but in fact the power of the first decision can have such a long-lasting effect that it will percolate into our decision for years to come.”

Por si no fuera ya harto complicado el destrozar tu mundo para volver a construirlo, de cara a esta reconstrucción, ¡no podemos fiarnos de nosotros mismos para tomar decisiones!

En la próxima publicación profundizaremos en este problema a la hora de tomar las mejores decisiones.

Informamos a los lectores que los puntos de vista y opiniones expresados en el texto pertenecen exclusivamente al autor, y no necesariamente a UDOE.

ACERCA DEL AUTOR

Álvaro García Núñez

Inconformista, curioso e inquieto. Amante de los viajes y la lectura ya que ambos satisfacen mi necesidad de aventura y aprendizaje